
Regularmente es difícil ir contra corriente.
Si no pensamos igual que el resto, resulta que somos locas, amargadas o rencorosas. Y si pensamos igual, somos unas enajenadas y sin criterio.
Lo cierto es que también regularmente el ir contra corriente nos ha enseñado más que el dejarnos llevar cual hojas en el viento.
A veces es sano ser hojas al viento, barcos a merced de las olas.
Pero la mayoría de las veces ir contra corriente nos hace más fuertes, decididas, luchonas, cabronas y, sobre todo, más mujeres.